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M I G U E L E G U I L U Z | ||
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ESTILO |
ESTILO La
obra es fiel reflejo de su creador. El caso de Eguiluz lo destaca de una
manera evidente, aunque no visiblemente exaltada, pues la condición de
su carácter está más cerca de captar lo que le rodea con una
intensidad en apariencia apacible, dirigida hacia la interiorización. En
su trabajo gravitan las impresiones primeras, la luz y los paisajes de
su infancia, a través de los que sigue viendo el mundo como por unas
lentes que le hacen distinguirlo con unos colores personales, base de su
armónico vivir y convivir selectivo con lo que le rodea y de su
identificación con las cosas. Se
sitúa ante aquellos lugares que de manera más o menos consciente le
recuerdan o le sugieren. Pero, en definitiva, cualquier tema, aunque
fuera indicado, lo traduciría a su personal forma de ver y de organizar
las formas y el color. Sus
cuadros, realizados con una gran unidad de estilo, están pintados con
una técnica derivada del impresionismo y pueden definirse como
post-impresionistas, con algunas referencias al post-modernismo,
interpretados desde una visión actual. Dentro
de estas direcciones, en líneas generales, tiende a representar
aspectos del mundo de un modo más acorde con su equilibrio existencial,
o incide hacia motivaciones de índole poética y trascendental y deja a
un lado los aspectos más sombríos o negros de la expresión. Así su
obra se mantiene en un equilibrio que la aleja de aspectos más
asépticos de la creación cual el constructivismo y derivados y de los
diversos expresionismos de angustiosa distorsión. Situada
en un punto de la balanza que se inclina discretamente hacia el lado del
optimismo, capta motivos de la realidad donde descubre una belleza
permanente, plasma una invitación hacia la felicidad, en concordia con
la naturaleza. El
espectador se asoma hacia las ventanas abiertas de sus cuadros. Aunque
en muchos de ellos no aparece la figura humana están realizados desde
ella y no desde su ausencia; ofrece la "presencia" de los
paisajes sentidos desde la humana contemplación permanente y no en la
soledad. Son paisajes continuadamente mirados y vividos con amorosa
delectación compartida. Los campos y los temas que reflejan, aparecen
organizados, a la medida humana y aun cuando en ellos no se reflejan su
presencia, por las herramientas amigas. Son paisajes trabajados por
quien ama lo que trabaja, donde y como lo trabaja. Sin ofrecer aspectos
descuidados ni pintorescamente "salvajes" refleja una
auténtica atmósfera civilizada a la medida de las posibilidades de una
romántica existencia. Cuando
en sus paisajes aparecen caseríos y edificios salpicados con
naturalidad, sus equilibradas distancias y sus relaciones con las
figuras, armonizan como en un sentido y cuidado belén. Cuando
sus cuadros son abiertamente urbanos, el tema aparece limpio de
referencias que hablen de un mundo invadido por los aspectos más
banales de la técnica y de la publicidad. Nos muestra su intemporal y
más favorecedor aspecto y sus edificios se sitúan dentro de una
atmósfera de cielo abierto donde la presencia de la naturaleza
inmediata, si no está presente en las imágenes cercanas, está en el
trasfondo de los cuadros. Asimismo
en los temas donde el agua es prácticamente protagonista nos ofrece
amables aspectos, cuando está presente la marina o la dulce de un
estanque. En
todos sus cuadros existe una aproximación entre la tierra y la
atmósfera. Lo terrenal y lo celeste tienden a fundirse como si nos
ofrecieran aspectos de un terrenal paraíso, como si fueran paisajes que
pertenecen a una edad dorada. Y lo dorado aparece visible y sumergido
como testimonio de alegría esencial y del poseer aspectos simbólicos.
Si lo dorado remite al oro, entre otras significaciones que le
pertenecen a este preciado metal, están las de la inalterabilidad y el
brillo que remiten a los anhelos de permanencia y de gloria. Sus
cuadros ofrecen alegría lumínica que, cual emanando de su interior, se
expande por toda la superficie hacia el espectador y transfigura la
potencia de sus tonos y les añade originales matices. Variado
en sus recursos de composición, los cuadros de Eguiluz
poseen una
generalizada estructura horizontal-vertical cruzada, no simétrica, a la
que se le unen otros ritmos. Los
colores de Eguiluz, aparecen siempre cálidos, por encima de que nos
hablan a veces de temas y con pigmentos de entonaciones frías. Su
entusiasmo se manifiesta interiorizado. El artista incide en la
naturaleza de las cosas, las vive presentándolas con aspecto de
idealizados escenarios testimoniales, a propósito para una vida
idílica, para contemplar el bello transcurso del paso de las estaciones
a las que la creación les proporciona una permanente belleza. La
plena luz del día con que da la impresión de que están pintados sus
cuadros, aparece tamizada para no herir, ni borrar en las cosas sus
detalles y brillen con una discreta luminosa luz. A la luz franca de un
intenso día estival pudieran haber pasado del plano de la
representación de lo existente al de lo irreal. Si
asoma en sus cuadros la noche lo hace con un diurno aspecto. Ante
muchos de sus cuadros tenemos la sensación de sumergirnos en el
interior del paisaje bajo la vegetación arropada por la presencia
vigilante del caserío, de la montaña. Eguiluz,
pasea los pinceles por los escenarios y, sean los que sean, en sus
cuadros se reflejan los familiares de la aldea. Ofrece
relaciones de simpatía y estímulo con los Macchaioli italianos, con
aspectos de la plástica oriental, con Manet hacia Monet, con el audaz
entusiasmo de los paisajistas canadienses y, en definitiva, adopta una
postura de organizador de los elementos reales a los que sirve
sirviéndose de ellos. Ofrece
un trasfondo de puntillismo y de fauvismo. La
forma de pintar de Eguiluz, aunque naturalmente no lo pretende, ni
podría esquivarse a los condicionamientos artísticos de su tiempo,
tiene una evidente relación con él, aunque está realizada al margen
de las corrientes imperantes de la época, cual una de las numerosas
personales islas aisladas, y a la vez su pintura se realiza bien lejos
de los conceptos tradicionales y académicos, aunque el realismo que la
caracteriza, su fidelidad al modelo, el evidente reconocimiento de la
existencia real de sus temas, puede hacer pensar de otro modo.
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